miércoles, 10 de agosto de 2011

SELENE

Esta tarde de agosto, mirando a traves del ventanal que dá al mar, he visto allá en el
horizonte,entre dos edificios, aparecer la proa de un barco que se dirige al norte. Lenta pero
inexorablemente ha surcado el diáfano espacio entre las casas. La luz del Sol poniente se reflejaba
en sus chimeneas y por un instante me ha llegado su destello, luego tras un minuto de tránsito
ha desaparecido rumbo a Badalona, oculto por este nuevo "sky line" de rascacielos inacabados y
gruas abandonadas que jalonan nuestra costa.
Entonces he descubierto, en la misma dirección pero un poco al oeste, subiendo del mar hacia mi
casa, por el cielo azul, una blanca forma apenas intuida. ¡Era la Luna! La discreta Luna vespertina. He seguido su camino como antes el del barco, han pasado los minutos y mientras
oscurecia su forma se ha hecho más rotunda, casi llena y al contemplarla desde mi solitario mirador me he sentido como el primer humano que la convirtió en Diosa.
Privilegio de este viejo cerebro imaginar que las grávidas manos de la Luna empujan suave pero
inflexibles al Sol hacia el ocaso. Milagro haber sido testigo silencioso.

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