sábado, 23 de enero de 2010

MISTERIO EN LA HABANA SEGUNDA PARTE (XXII)

ENTRADA XXII
"Los rosados dedos de la aurora" Virginia recostada en mi hombro citaba al viejo Homero, metáforas tan antiguas como el lenguaje para anunciar el nuevo día.
.- De aquí a unas horas volaremos hacia el oeste, cuando lleguemos a Montreal aun será de día. Quizás en el futuro podamos hacer lo mismo con el tiempo: adelantarnos para recibirlo sin sorpresas..-
No quería yo imaginar en que estaría pensando.
- La próxima vez que nos veamos ha de ser en el estuario del San Lorenzo.- continuó.- Quiero que contemples el vuelo de los gansos y el bosque alfombrado de hojas amarillas de abedul, pero tendría que ser este otoño, añadió con un suspiro casi imperceptible.-
Me invadió de repente nostalgia por lo aun no conocido, como si la simple evocación de un lugar y una estación tuviera, en los labios de Virginia, el mágico poder de trasvasarme su memoria. Yo le recordé nuestro primer encuentro a solas aquel otro amanecer en Cayo Santamaria.
.- Si,.- sonrió con tristeza.- Entonces sufría mucho por Mary y un poco por mi. Ahora la balanza se ha igualado pero el sufrimiento es el mismo.-
Regresamos al apartamento de la barceloneta , tenían el tiempo justo para acabar de hacer las maletas y partir hacia el aeropuerto. Allí inmersos en los trámites, rodeados de extraños pasamos la última hora, nos separamos en el control de pasaportes, con el tiempo justo para un abrazo y la promesa de contactar por internet.
Las semanas siguientes pasaron entre la falsa esperanza y la cruel realidad. A la alegría por el inesperado regreso de Mary le sucedió el urgente ingreso en el hospital. Había que leer sus correos entre lineas.
"Si no puedes venir este otoño no importa. Mary me ha prometido que en cuanto me recupere me acompañará a Barcelona. Volveremos al parque Güell, a subir a las tres cruces, pero esta vez no lloraré. Si se prolongara mi convalecencia sube tú y desde allí me envías un mensaje multimedia, quiero verte en la foto con la sagrada familia al fondo."
Días más tarde me escribió su hermana Nicole.
"Virginia murió ayer por la tarde. Unas horas antes había perdido la visión, pero aunque seguía lúcida dijo algo extraño."Ya me pasó en Barcelona".- Entonces buscó el hombro de Mary para apoyarse y añadió "no os preocupéis él acudirá a la cita".
Si, he vuelto a subir al parque Güell, he vuelto a recorrer el "camí de la Bugadera" y he llegado al "turó de les tres creus". A los pies de la cruz me he sentado como entonces, ya era otoño, no se veían los dos rascacielos ocultos por la neblina, pero la Sagrada Familia seguía allí, un sueño en construcción, como deben estar siempre los sueños. No he necesitado el "móvil" para enviarle a Virginia el siguiente mensaje: "Te seguiré esperando" ¿Quien me lo puede impedir?

viernes, 22 de enero de 2010

MISTERIO EN LA HABANA SEGUNDA PARTE (XXI)

ENTRADA XXI
Cuando la lluvia arreciaba ya estábamos otra vez a cubierto bajo la plaza. Fueron apenas unos minutos, el chaparrón cesó de repente y al salir los primeros de nuestro refugio aun sorprendimos a la negra nube ciudad abajo camino del mar, un doble arcoiris cruzaba el cielo mientras la tierra desprendía su calor convirtiendo el agua en imperceptible vaho.
Salimos del parque Güelll y andando sin prisas bajamos hasta el barrio de Gracia, con la intención de mostrar a nuestras amigas las calles en las que Albert y yo crecimos. Por el camino discutíamos sobre la solida red en que los recuerdos comunes nos unen, a veces lo que uno olvidó es recordado por el otro y la vivencia pasada reaparece como agradable sorpresa. ¿eso dije? Y tu mismo te sorprendes de aquel ingenio que entonces demostraste. Entre amigos manda lo positivo, los elogios, el reconocimiento, entre hermanos... pueden mandar los defectos, sobre todo si se comparten y el espejo del hermano hace insoportable la imagen devuelta de tus propias miserias. No era este el caso de Virginia y Nicole, ambas se querían y en sus recuerdos no había el más mínimo asomo de reproche.
Del lugar donde nos criamos solo se conserva el nombre de la plaza y del viejo bar, los bancos y el asfalto han cambiado, las antiguas y chatas farolas son ahora estilizadas luces protegidas, hasta de sus esquinas han desaparecido los colmados que entonces se hacían leal competencia. Pero sigo reconociendo la sutil atmósfera de la plaza Raspall.
Entramos en el bar Resolis, como dos Ulises que regresan a Itaca sin ser reconocidos, algún antiguo parroquiano se nos quedó mirando, pero enseguida se fijó en nuestras amigas. Recordé otra entrada en el bar, aquella si triunfal, de dos de las figuras de los años 50 , cuando "el Murri" y el "groc" aparecieron , una tarde de verano como esta, acompañados por dos inglesas, nuestro pasmo infantil y el alboroto de los mayores les acompañó hasta que tal como habían venido abandonaron el barrio. Si la infancia, como alguien dijo, es la verdadera patria del hombre, estos recuerdos junto a otros son hoy nuestra bandera y mañana serán nuestra mortaja cuando se desvanezcan para siempre.
Pero a nuestras amigas , más que nuestros recuerdos de la infancia les llamaba la atención las continuas entradas y salidas del bar de las jóvenes bellezas de larga cabellera y tez morena . Les dijimos que en Gracia siempre había vivido una importante población de raza gitana y que por paradojas de la historia eran ellos quienes conservaban en la actualidad la memoria del barrio.
El tiempo inexorable avanzaba, ya oscurecía cuando abandonamos la plaza con dirección al Port Olímpic. A Nicole le habían hablado de una discoteca en la que podías cenar, reclinado como un patricio romano, en una especie de "triclinium" y luego disfrutar de la música y del ambiente, también desde el mismo local y por una terracita podías acceder directamente a la playa.
LLegamos con tiempo suficiente para ocupar uno de los sofás destinados a los comensales. Era una nueva experiencia cenar en aquel escaparate, a la vista del público que en muy poco tiempo llenaba el local. La cena no era nada especial, pero la ´música y la expectación creada por la llegada de algún famoso creaba una atmósfera deshinibida en la que dejarse llevar parecía lo más natural.
Cruzamos nuestras copas en un penúltimo brindis y así enlazados como un candelabro de cuatro brazos brindamos mirando a la cámara que nos fijaba para siempre. Luego Nicole arrastró a su hermana hasta la pista y Albert les siguió, yo permanecí sentado. Me sentía bien, mínimamente ebrio, reclinado en mi sillón. Canción a canción crecía el clímax hasta llegar a su apogeo cuando todos a una repitieron un popular estribillo. Entonces mis ojos buscaron a Virginia, también ella se dejaba llevar, movía acompasadamente la cabeza y subía los brazos hasta palmear rítmicamente con el viejo tema Funk que ahora sonaba.
Me alegré que por un tiempo una Virginia amnésica perdiera su dolor y siguiera bailando por mucho tiempo.
Al alba, amor mio al alba, no se por que al dijey se le ocurrió poner esta triste y vieja canción. ¡Eclecticismo! Mientras Albert y Nicole bailaban "cheek to cheek" Virginia regresó a mi lado. Estaba muy acalorada y decidimos salir a la terracita allí reinaba una suave penumbra y la música llegaba amortiguada, en el horizonte,sobre el mar, empezaba a despuntar la luz del nuevo día.

sábado, 2 de enero de 2010

MISTERIO EN LA HABANA SEGUNDA PARTE (XX)

ENTRADA XX
No teníamos prisa por levantarnos de nuestros cómodos asientos. Los afortunados que ocupábamos, a la sombra, el privilegiado mirador sobre la plaza, dejábamos pasar el tiempo comentando las impresiones que nos producía la visita.
A Nicole le sorprendía que las columnas hipóstilas que la sostienen estuvieran torcidas, parecían, contempladas desde el lugar donde estábamos, que desafiaran la lógica, también le llamaban la atención las numerosas gárgolas que desde lo alto de las columnas abrían sus bocas sobre el vacío. Le dije que debían ser los desagües de la plaza en días de lluvia.
Por fin, haciendo un esfuerzo, nos levantamos para dirigirnos a las "tres creus". Albert sugirió que fuéramos por el "camí de la bugadera" ¡que acierto! ¡Yo no lo recordaba. Probablemente a principio de los 70 no presentaba el cuidado aspecto de ahora. La cariátide de la bugadera sostiene el pórtico que le da nombre y el paseante recorre el camino bajo el dosel de piedra que en ondas entrelazadas protegen del Sol y de la lluvia. Sorprendido, admiraba cada detalle con la sensación de que mi sensibilidad, muchas veces embotada, acababa de afinarse gracias a aquel ambiente logrado por el arquitecto.
Seguimos andando, ya sin la protección del pórtico, hasta llegar a los pies de las tres cruces. Virginia acusaba el esfuerzo, pero recostada en mi brazo subió los últimos escalones hasta llegar al mirador. Allí nos sentamos en el banco de piedra a esperar que la benigna brisa nos refrescara. Disfrutábamos de una inesperada soledad, las cuatro de la tarde en plena canícula alejaba, transitoriamente, a los turistas de los lugares expuestos al Sol.
.- En este lugar, limite del parque, proyectaron levantar una capilla.- comentó Albert.- Pero como solo consiguieron vender una parcela quebró la empresa y fue años más tarde el ayuntamiento quien se hizo cargo del parque.-.
.- A menudo un fracaso lleva a una gran victoria. No me imagino este lugar plagado de casitas y a sus habitantes haciendo barbacoas en las piscinas.- Apuntó Virginia.-
Nos levantamos a contemplar el paisaje de la ciudad a nuestros pies. Muy cerca un poco a la izquierda las torres de la Sagrada Familia y allá al fondo el nuevo "sky-line", con sus dos rascacielos paralelos uno al otro y que parecen haber estado allí desde siemprey que así será en la memoria de los recientes y futuros visitantes de Barcelona..
Yo miraba al oeste y reconocía en la Sierra de Collcerola los lugares de tantos paseos con mis amigos. Desde San Pere Martir , pasando por Vallvidrera, ascendíamos hasta el Tibidabo y acabábamos bajando por Valldaura. ¿Cuando fuimos por última vez? ¿Volveremos a ir?
Empezó a levantarse un molesto viento, mientras una negra nube, llegada por sorpresa, tapaba el Sol. Se acercaba una tormenta de verano.
.- Sino existieran soñadores como lo fue Gaudí la realidad nos aplastaría.- Virgina recostada en la base de la cruz central evocaba a otro soñador.- Yo ahora le doy gracias a Gaudí por estas cruces.- No podía evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.- Sé que probablemente todo es un sueño, pero yo quiero soñar con él. Si Gaudi, siendo quien era, agonizó solo como un pobre vagabundo. ¿No puedo soñar que el único que le reconoció fue Jesús? ¿No tengo derecho a soñar mientras aun vivo que a mi también me reconocerá?. La dejamos llorar abrazando la cruz, el viento arreciaba y la nube oscurecía el cielo.