ENTRADA XXI
Cuando la lluvia arreciaba ya estábamos otra vez a cubierto bajo la plaza. Fueron apenas unos minutos, el chaparrón cesó de repente y al salir los primeros de nuestro refugio aun sorprendimos a la negra nube ciudad abajo camino del mar, un doble arcoiris cruzaba el cielo mientras la tierra desprendía su calor convirtiendo el agua en imperceptible vaho.
Salimos del parque Güelll y andando sin prisas bajamos hasta el barrio de Gracia, con la intención de mostrar a nuestras amigas las calles en las que Albert y yo crecimos. Por el camino discutíamos sobre la solida red en que los recuerdos comunes nos unen, a veces lo que uno olvidó es recordado por el otro y la vivencia pasada reaparece como agradable sorpresa. ¿eso dije? Y tu mismo te sorprendes de aquel ingenio que entonces demostraste. Entre amigos manda lo positivo, los elogios, el reconocimiento, entre hermanos... pueden mandar los defectos, sobre todo si se comparten y el espejo del hermano hace insoportable la imagen devuelta de tus propias miserias. No era este el caso de Virginia y Nicole, ambas se querían y en sus recuerdos no había el más mínimo asomo de reproche.
Del lugar donde nos criamos solo se conserva el nombre de la plaza y del viejo bar, los bancos y el asfalto han cambiado, las antiguas y chatas farolas son ahora estilizadas luces protegidas, hasta de sus esquinas han desaparecido los colmados que entonces se hacían leal competencia. Pero sigo reconociendo la sutil atmósfera de la plaza Raspall.
Entramos en el bar Resolis, como dos Ulises que regresan a Itaca sin ser reconocidos, algún antiguo parroquiano se nos quedó mirando, pero enseguida se fijó en nuestras amigas. Recordé otra entrada en el bar, aquella si triunfal, de dos de las figuras de los años 50 , cuando "el Murri" y el "groc" aparecieron , una tarde de verano como esta, acompañados por dos inglesas, nuestro pasmo infantil y el alboroto de los mayores les acompañó hasta que tal como habían venido abandonaron el barrio. Si la infancia, como alguien dijo, es la verdadera patria del hombre, estos recuerdos junto a otros son hoy nuestra bandera y mañana serán nuestra mortaja cuando se desvanezcan para siempre.
Pero a nuestras amigas , más que nuestros recuerdos de la infancia les llamaba la atención las continuas entradas y salidas del bar de las jóvenes bellezas de larga cabellera y tez morena . Les dijimos que en Gracia siempre había vivido una importante población de raza gitana y que por paradojas de la historia eran ellos quienes conservaban en la actualidad la memoria del barrio.
El tiempo inexorable avanzaba, ya oscurecía cuando abandonamos la plaza con dirección al Port Olímpic. A Nicole le habían hablado de una discoteca en la que podías cenar, reclinado como un patricio romano, en una especie de "triclinium" y luego disfrutar de la música y del ambiente, también desde el mismo local y por una terracita podías acceder directamente a la playa.
LLegamos con tiempo suficiente para ocupar uno de los sofás destinados a los comensales. Era una nueva experiencia cenar en aquel escaparate, a la vista del público que en muy poco tiempo llenaba el local. La cena no era nada especial, pero la ´música y la expectación creada por la llegada de algún famoso creaba una atmósfera deshinibida en la que dejarse llevar parecía lo más natural.
Cruzamos nuestras copas en un penúltimo brindis y así enlazados como un candelabro de cuatro brazos brindamos mirando a la cámara que nos fijaba para siempre. Luego Nicole arrastró a su hermana hasta la pista y Albert les siguió, yo permanecí sentado. Me sentía bien, mínimamente ebrio, reclinado en mi sillón. Canción a canción crecía el clímax hasta llegar a su apogeo cuando todos a una repitieron un popular estribillo. Entonces mis ojos buscaron a Virginia, también ella se dejaba llevar, movía acompasadamente la cabeza y subía los brazos hasta palmear rítmicamente con el viejo tema Funk que ahora sonaba.
Me alegré que por un tiempo una Virginia amnésica perdiera su dolor y siguiera bailando por mucho tiempo.
Al alba, amor mio al alba, no se por que al dijey se le ocurrió poner esta triste y vieja canción. ¡Eclecticismo! Mientras Albert y Nicole bailaban "cheek to cheek" Virginia regresó a mi lado. Estaba muy acalorada y decidimos salir a la terracita allí reinaba una suave penumbra y la música llegaba amortiguada, en el horizonte,sobre el mar, empezaba a despuntar la luz del nuevo día.
viernes, 22 de enero de 2010
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