ENTRADA XXII
"Los rosados dedos de la aurora" Virginia recostada en mi hombro citaba al viejo Homero, metáforas tan antiguas como el lenguaje para anunciar el nuevo día.
.- De aquí a unas horas volaremos hacia el oeste, cuando lleguemos a Montreal aun será de día. Quizás en el futuro podamos hacer lo mismo con el tiempo: adelantarnos para recibirlo sin sorpresas..-
No quería yo imaginar en que estaría pensando.
- La próxima vez que nos veamos ha de ser en el estuario del San Lorenzo.- continuó.- Quiero que contemples el vuelo de los gansos y el bosque alfombrado de hojas amarillas de abedul, pero tendría que ser este otoño, añadió con un suspiro casi imperceptible.-
Me invadió de repente nostalgia por lo aun no conocido, como si la simple evocación de un lugar y una estación tuviera, en los labios de Virginia, el mágico poder de trasvasarme su memoria. Yo le recordé nuestro primer encuentro a solas aquel otro amanecer en Cayo Santamaria.
.- Si,.- sonrió con tristeza.- Entonces sufría mucho por Mary y un poco por mi. Ahora la balanza se ha igualado pero el sufrimiento es el mismo.-
Regresamos al apartamento de la barceloneta , tenían el tiempo justo para acabar de hacer las maletas y partir hacia el aeropuerto. Allí inmersos en los trámites, rodeados de extraños pasamos la última hora, nos separamos en el control de pasaportes, con el tiempo justo para un abrazo y la promesa de contactar por internet.
Las semanas siguientes pasaron entre la falsa esperanza y la cruel realidad. A la alegría por el inesperado regreso de Mary le sucedió el urgente ingreso en el hospital. Había que leer sus correos entre lineas.
"Si no puedes venir este otoño no importa. Mary me ha prometido que en cuanto me recupere me acompañará a Barcelona. Volveremos al parque Güell, a subir a las tres cruces, pero esta vez no lloraré. Si se prolongara mi convalecencia sube tú y desde allí me envías un mensaje multimedia, quiero verte en la foto con la sagrada familia al fondo."
Días más tarde me escribió su hermana Nicole.
"Virginia murió ayer por la tarde. Unas horas antes había perdido la visión, pero aunque seguía lúcida dijo algo extraño."Ya me pasó en Barcelona".- Entonces buscó el hombro de Mary para apoyarse y añadió "no os preocupéis él acudirá a la cita".
Si, he vuelto a subir al parque Güell, he vuelto a recorrer el "camí de la Bugadera" y he llegado al "turó de les tres creus". A los pies de la cruz me he sentado como entonces, ya era otoño, no se veían los dos rascacielos ocultos por la neblina, pero la Sagrada Familia seguía allí, un sueño en construcción, como deben estar siempre los sueños. No he necesitado el "móvil" para enviarle a Virginia el siguiente mensaje: "Te seguiré esperando" ¿Quien me lo puede impedir?
sábado, 23 de enero de 2010
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Necesito algo mas alegre Julian...
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