ENTRADA XX
No teníamos prisa por levantarnos de nuestros cómodos asientos. Los afortunados que ocupábamos, a la sombra, el privilegiado mirador sobre la plaza, dejábamos pasar el tiempo comentando las impresiones que nos producía la visita.
A Nicole le sorprendía que las columnas hipóstilas que la sostienen estuvieran torcidas, parecían, contempladas desde el lugar donde estábamos, que desafiaran la lógica, también le llamaban la atención las numerosas gárgolas que desde lo alto de las columnas abrían sus bocas sobre el vacío. Le dije que debían ser los desagües de la plaza en días de lluvia.
Por fin, haciendo un esfuerzo, nos levantamos para dirigirnos a las "tres creus". Albert sugirió que fuéramos por el "camí de la bugadera" ¡que acierto! ¡Yo no lo recordaba. Probablemente a principio de los 70 no presentaba el cuidado aspecto de ahora. La cariátide de la bugadera sostiene el pórtico que le da nombre y el paseante recorre el camino bajo el dosel de piedra que en ondas entrelazadas protegen del Sol y de la lluvia. Sorprendido, admiraba cada detalle con la sensación de que mi sensibilidad, muchas veces embotada, acababa de afinarse gracias a aquel ambiente logrado por el arquitecto.
Seguimos andando, ya sin la protección del pórtico, hasta llegar a los pies de las tres cruces. Virginia acusaba el esfuerzo, pero recostada en mi brazo subió los últimos escalones hasta llegar al mirador. Allí nos sentamos en el banco de piedra a esperar que la benigna brisa nos refrescara. Disfrutábamos de una inesperada soledad, las cuatro de la tarde en plena canícula alejaba, transitoriamente, a los turistas de los lugares expuestos al Sol.
.- En este lugar, limite del parque, proyectaron levantar una capilla.- comentó Albert.- Pero como solo consiguieron vender una parcela quebró la empresa y fue años más tarde el ayuntamiento quien se hizo cargo del parque.-.
.- A menudo un fracaso lleva a una gran victoria. No me imagino este lugar plagado de casitas y a sus habitantes haciendo barbacoas en las piscinas.- Apuntó Virginia.-
Nos levantamos a contemplar el paisaje de la ciudad a nuestros pies. Muy cerca un poco a la izquierda las torres de la Sagrada Familia y allá al fondo el nuevo "sky-line", con sus dos rascacielos paralelos uno al otro y que parecen haber estado allí desde siemprey que así será en la memoria de los recientes y futuros visitantes de Barcelona..
Yo miraba al oeste y reconocía en la Sierra de Collcerola los lugares de tantos paseos con mis amigos. Desde San Pere Martir , pasando por Vallvidrera, ascendíamos hasta el Tibidabo y acabábamos bajando por Valldaura. ¿Cuando fuimos por última vez? ¿Volveremos a ir?
Empezó a levantarse un molesto viento, mientras una negra nube, llegada por sorpresa, tapaba el Sol. Se acercaba una tormenta de verano.
.- Sino existieran soñadores como lo fue Gaudí la realidad nos aplastaría.- Virgina recostada en la base de la cruz central evocaba a otro soñador.- Yo ahora le doy gracias a Gaudí por estas cruces.- No podía evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.- Sé que probablemente todo es un sueño, pero yo quiero soñar con él. Si Gaudi, siendo quien era, agonizó solo como un pobre vagabundo. ¿No puedo soñar que el único que le reconoció fue Jesús? ¿No tengo derecho a soñar mientras aun vivo que a mi también me reconocerá?. La dejamos llorar abrazando la cruz, el viento arreciaba y la nube oscurecía el cielo.
sábado, 2 de enero de 2010
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