ENTRADA XXIII
A primeras horas de la tarde, aun con luz del día, llegamos a La Habana. Habíamos cubierto la distancia entre Cayo Santamaria y la capital en menos de ocho horas. Coincidimos en Parque Trillo con los colegiales que volvían de clase. Seguimos la hilera de niños uniformados y en improvisada caravana llegamos hasta el parking de la plaza. No habíamos advertido que el barrio estaba sin electricidad.
En casa de Marcia la "abuela" preparaba ya la cena. Verla con su pañuelo negro rodeada de velas cuya oscilante sombra bailaba en la pared me produjo la sensación de estar no solo en otro continente sino también en otro tiempo. Allí quedaron Nuria y David mientras que nosotros subimos a casa de Jimagua.
Mientras Albert descansaba yo salí al esplendido balcón y me asomé a Parque Trillo. El cielo se desprendía del color miel empalagoso de la tarde y ya en el ocaso ardía en un rojo intenso que se extendia por todo el horizonte. Sin apenas transición, como ocurre en los trópicos, llegó la noche y en la repentina oscuridad empezaron a brillar las estrellas. Primero solo distinguía una muy brillante, Marte o Jupiter, pensé, pero a medida que fijaba la vista descubrí sobre la capa azul como se encendían a decenas y haciendo un esfuerzo distinguí el lechoso rastro de la vía láctea, ¡ que pocas veces en mi vida he tenido esta visión del cielo estrellado! Gracias al apagón comprendí, de repente, el sentido de una frase de un gran filósofo: "Hay dos cosas que me hacen creer en la trascendencia. Sobre mi cabeza el cielo estrellado, dentro de mi cabeza, la conciencia de una ley moral universal".
Lo bueno dura poco y con la luz a la calle volvió la oscuridad a mi mente. Oí el inconfundible silbido de Jimagua y en pocos segundos lo teníamos en casa. Sin apenas preámbulos nos hizo conocedores de su loca desesperación.
.- Neisi me busca. Viene cuando está sola cruzando por el altillo, que separa las casas,.-
Entonces pensé que al mentiroso compulsivo que siempre había sido, acuciado por los celos y por el ridículo, añadía ahora la faceta de rastrero calumniador. Notó nuestro desprecio y al poco se encerró en su habitación,
La cena en casa de Marcia transcurrió con toda normalidad. Neisi nos recibió con el cariño de siempre, allí estaba también su nueva pareja., parecían felices y hacían proyectos para un futuro inmediato.
Cuando regresamos a casa de Jimagua éste no estaba. Había dejado una nota indicando que como habíamos convenido nos traería a las nueve el desayuno. Pero no apareció , ni en todo el día tuvimos noticias de nuestro atormentado "posadero.
sábado, 6 de febrero de 2010
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