ENTRADA XXIV
Después de desayunar todos juntos en casa de Marcia, decidimos Albert y yo visitar el popular mercadillo de libros de ocasión instalado en Plaza de Armas. Lo conocíamos de nuestro anterior viaje. El lugar era bello y acogedor, con sus puestos de venta repartidos en el amplio espacio. Agradecía la sombra de las marquesinas y el respetuoso silencio de los vendedores mientras hojeaba complacido los numerosos ejemplares, algunos humildes libros de bolsillo, pero otros clásicos encuadernados en piel con el sello de la editorial grabado en su lomo, ediciones muy cuidadas en el que cada ejemplar es por si mismo una pequeña joya.
Como la sombra inesperada de una nube sobre la página,me distraía un pensamiento inquietante: la reacción de Jimagua ante el rechazo de Neisi a volver con él. Casualmente había tomado entre mis manos un ejemplar de "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust. "Por el camino de Swam" y dejaba deslizar mis dedos por sus páginas como si fueran cartas de una baraja, me detuve y leí: " Sufría al ver aquella luz, en cuya dorada atmósfera se movía, tras la puerta, la invisible y odiada pareja".
Sentí un escalofrío porque el artista me indicaba lo que yo no pude ver la noche anterior y que ahora me parecia tan evidente. Jimagua espiaba desde el alto desván que comunica las dos viviendas, la habitación donde Neisi y su estrenada pareja yacían. Y como Swann "Se inclinaba, Jimagua, con impotente, ciega y vertiginosa angustia sobre el abismo insondable"
Aunque entonces yo no podía saberlo Neisi y Jimagua habían entrado en un juego diabólico en el que los dos "sabían que el otro escuchaba".
De regreso a casa, cruzando las calles de Centro Habana, comentábamos Albert y yo la difícil situación de nuestros amigos y reconocíamos que de haberlo sabido no hubiéramos venido. Teníamos la certeza de que nuestra presencia empeoraba la situación.
Aquella misma tarde se desencadenaron los acontecimientos. Estábamos todos, después de comer, en animada sobremesa, cuando, súbitamente y viniendo del interior de la vivienda, apareció Jimagua La sorpresa y la protesta de Neisi y sus primos fue inmediata. Todos le recriminaron que aprovechara el paso del desvan y le hicieron saber con duras expresiones que "alli no era bien recibido". Jimagua respondió algo que provocó la inmediata reacción de Neisi. Como una tigresa saltó sobre el hombretón clavándole las uñas en el rostro mientras le propinaba una certera patada. Jimagua contestó con un puñetazo al aire. Enseguida intervinimos los demás. El hermano de Marcia, y un amigo consiguieron llevar a Jimagua hasta la calle. Así terminó aquel penoso incidente.
Aquella noche tampoco apareció por su casa. Albert y yo permanecimos despiertos hasta muy tarde, la situación nos superaba. Sin proponérnoslo estábamos en el ojo del huracán.
sábado, 6 de marzo de 2010
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