ENTRADA XXVI
Un amigo de Marcia disponía de un piso libre, pero la vivienda no tenia comparación con la de Jimagua, estaba en el cuarto piso de un oscuro y viejo edificio en la calle San Miguel naturalmente sin ascensor y al que llegabas después de atravesar un mugriento y destartalado rellano. Su interior, limpio y bien provisto de todo lo imprescindible, carecía sin embargo del magnifico balcón de parque Trillo y daba, su ventana, al patio interior de la comunidad. Una vez instalados salimos a escape de la casa y fuimos paseo del Prado "alante" hasta el parque Macedo en busca de espacios abiertos.
Sentados en la terraza de nuestros anteriores "devaneos" conversamos con un vecino del barrio y que nos conocía de vernos en compañía de Jimagua. No tenia buena opinión de él. Nos advirtió que era un liante y que desconfiaramos de lo que nos dijera. Pero la noche aun nos aguardaba una sorpresa. Antes de que nos diéramos cuenta se sentaron dos conocidas del vecino. Tía y sobrina, la mayor de unos cuarenta años y la jovencita no pasaría de los veinte. La conversación derivó por otros derroteros.. La tía protestaba vehemente de la lascivia con que algunos hombres acechaban a su sobrina y de que como ella se había convertido en la guardiana de su honra. El vecino abandonó la mesa y allí quedamos los cuatro, hasta que súbitamente la sobrina, tanto tiempo callada, dejó oír su aniñada voz para proponernos ir a comprar unas pizzas. Naturalmente nos las comimos en nuestro estrenado piso.
A la mañana siguiente después de desayunar en el piso de Marcia y cuando estábamos sentados en uno de los bancos del parque vimos a Jimagua asomado a su balcón. David decidió subir a hablar con él. Los demás quedamos esperando.
Una hora más tarde Albert y yo subimos. La puerta estaba entornada y desde el comedor llegaba la inconfundible voz de Jimagua. Al vernos ocultó la cabeza entre sus manos y empezó a llorar. Nos pedía perdón por su acción y se mostraba muy arrepentido. Intentamos hacerle comprender que no debía seguir molestando a Neisi, que ella había tomado libremente la decisión de dejarle y aunque fuera muy doloroso para él tenia que aceptarlo. Pero él seguía afirmando que Neisi le hacia señas inequívocas y sus palabras textuales fueron : "Ella me busca y me dice que yo soy su verdadero hombre".
Por fin llegó el momento de nuestra partida, realmente, dada la situación, fue un alivio dejar Cuba. Ojalá hubiéramos podido traer a Neisi con nosotros, todo hubiera sido diferente.
Durante los siguientes meses David y Nuria hicieron todo lo humanamente posible para agilizar los trámites. Contrataron los servicios de una abogado cubana experta en emigración laboral y todo prometía un final feliz. Para el mes de junio confiaban traerla a Barcelona, pero antes tenia que llegar el mes de mayo.
domingo, 21 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario