La tormenta llegaba. Fugaces destellos empezaban a bailar dentro de las amenazadoras nubes. Su sombra avanzaba de este a oeste sumiendo el valle y el bosque ,de donde surgia el empinado sendero, en la más negra oscuridad. Julia aun permaneció fuera unos minutos entregada a sus reflexione: rara vez, pensaba, se puede contemplar como el futuro te alcanza. Veia la cortina de agua avanzar, pero aun no sentia su humedad, contaba los segundos entre relampago y trueno, uno, dos, tres. Esta vez solo tres y cuando sentia el estruendo sabia el tiempo que le quedaba.
Y sin embargo si miraba hacia el oeste,,el Sol vespertino de finales de abril iluminaba el bucólico y confiado paisaje, unas vacas, inmoviles en la distancia, parecian modelos posando para la artista desconocida que habitaba en ella.
Alli se hubiera quedado en el libre espacio, ligeramente embriagada por sus pensamientos, pero el desafio estaba dentro.
Empujó la puerta y entró en el refugio, buscó el interruptor y abrió la luz. Estaba en lo que sin duda era el comedor. Una mesa rectangular y cuatro sillas y el mueble bar donde se alineaban en filas desiguales platos y vasos y una vieja chimenea eran todos los elementos que se podian observar a simple vista. Habia en el interior otra pequeña puerta y casi imperceptible dibujado sobre su dintel una cruz y unas letras " Ermita" leyó con dificultad.. Dejó sobre una silla la mochila y tras unos segundos de duda decidió abrir la puerta. La suciedad habia formado una costra en el suelo y tuvo que empujar con fuerza, consiguiendo entreabrirla lo suficiente para acceder a su interior. Una corriente humeda le dió en el rostro, la oscuridad era absoluta. Retrocedió y atrancó otra vez la puerta. Dejaria para el dia siguiente su visita, pensó con alivio, cuando hubiera luz y otros excusionistas le hicieran compañia.
Estaba sorprendida por la ausencia de huespedes En internet habia leido que los fines de semana eran muchos los que venian pero aquel viernes nadie parecia interesado en pernoctar alli y tal como estaba lloviendo era dificil que alguien se acercara.
Anduvo por el estrecho pasillo que conducia a otras estancias del refugio.Entró en la habitacion comunitaria y no pudo resistir tumbarse en una de las literas. Alli con las manos a modo de almohada se dispuso a descansar unos minutos. Una vez más se preguntó a si misma que hacia alli. Desde la tarde en que la extraña mujer le entregara el mapa no habia dejado de sentir aquel impulso irresistible por subir a la ermita.
Sin darse cuenta cerró los ojos, el cansancio acumulado pasaba factura, y lo que primero eran reflexiones coherentes sobre su dificil situación laboral o la dolorosa ruptura con Mateu dejaron paso a un aluvion de imagenes, la conciencia aflojaba su severo control y en el duerme vela afloraba el inconsciente. Y alli ¡otra vez! Como en noches anteriores recuperaba la imagen de su madre! Su rostro olvidado se hacia nitido, su sonrisa, su mirada, ¡ Eran ya tantos años sin ella! Tantos años de orfandad desde aquel aciago dia!
Un relampago iluminó la habitacion y el trueno que le siguió retumbó en su cuerpo despertandola de golpe. De repente la casa quedó a oscuras. ¡Maldijo no haber sacado de la mochila la linterna!
A tientas, guiada por el resplandor de los relampagos,regresó al comedor. Unos segundos más tarde la luz de la linterna iluminaba la habitación. Entonces notó el olor de antes a polvo y humedad y una fria corriente de aire le llegó por la espalda. Al volverse comprobó con estupor que la puerta que daba a la ermita estaba abierta!
¡Obedeciendo al impulso que la habia llevado hasta alli entró. La luz de la linterna dió en el rostro anguloso del Cristo que presidia el altar. Julia avanzó con decisión por medio del estrecho pasillo procurando no tropezar con la fila de bancos y reclinatorios que ocupaban los laterales hasta llegar a los pies de la talla. Era una tosca imagen de madera agujereada por la carcoma que la miraba ccon ojos desvalidos soportando la incuria del tiempo y el olvido de los fieles. Acarició los pies ensangrentados y se compadeció de ella misma tanto como del Cristo. Ambos estaban solos pero ¿quien no lo estaba?
A los pies del altar descubrió una especie de agujero y al enfocarlo comprobó que era una escalera. Ocho escalones que bajaban hasta un suelo de tierra. Sorprendida por su valor descendió con cuidado, al final a la derecha habia un pequeño pasadizo, lo recorrió con la cabeza gacha hasta darse de bruces con una puerta de hierro. Sin dudarlo empujó con fuerza y.. y entonces sonó aquel trueno intemporal. Entonces recordó el texto del mensaje del mapa y un escalofrio recorrió su cuerpo. Entró a lo que parecia la cripta pero alli no habia ninguna tumba, ninguna inscripción, solo pared de piedra, tierra sucia y el techo de ladrillo. Quiso salir de alli, un extraño abatimiento la invadia. Le recordaba un jet-lag intenso como si hubiera viajado muy lejos a otro tiempo y a otro espacio. Con gran esfuerzo deshizo todo el camino y regresó al refugio. Ya no se oia la tormenta, necesitaba aire puro y salió al exterior.
¡Estaba soñando! El cielo más estrellado que nunca hubiera visto se ofrecia ante sus ojos y en el aire se notaba el olor intenso a hierba recien cortada. Oyó un relincho y en la distancia vió acercarse un carruaje tirado por dos caballos negros.
lunes, 16 de abril de 2012
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