ENTRADA UNDÉCIMA
No eran más de las ocho y ya me asomaba a contemplar el festín de las gaviotas , a decenas flotaban sobre el agua, comensales fieles a su cita con el banco de peces que las corrientes acercaban a la orilla. Ahora descansaban de su primera incursión y sus estridentes graznidos rompían el silencio de la mañana.
Oí a mi espalda que alguien subía por el jardín y al volverme reconocí la inconfundible figura de Virginia,la canadiense, en los segundos que tardó en llegar recordé como el día anterior le había contado mis sensaciones ante el escenario del Sol naciente sobre el mar y el vuelo incesante de las gaviotas.
_. Buenos días_.contesté a su saludo.-
.- Vale la pena madrugar.- Se quedó mirando el horizonte. Esta vez vestía un chándal y sobre su cabeza, en lugar del pañuelo, llevaba una gorra deportiva que solo dejaba la nuca al descubierto. Parecía más frágil y pequeña que el día anterior.
-.He venido a verte, necesito hablar, no se que hacer con Mary.- Vi que dos lágrimas bajaban por sus ojos.
Entonces me contó con más detalle la relación con su amiga. Se habían conocido trece años antes cuando Mary entró a trabajar en la editorial. Venia recomendada por una amiga común y necesitaba ayuda. En la editorial no solo recuperó su autoestima, tanto tiempo perdida, sino que encontró el amor.
Fue un amor que tardó tiempo en manifestarse pero que cuando lo hizo arrasó con todos los convencionalismos. Día a día y sin importarles las maliciosas habladurías se descubrían una a otra con sorpresa , era como un milagro para Virginia, tan celosa de su intimidad, verse correspondida en su amor por aquella vulnerable y frágil criatura. Sin buscar excusas para hacerlo la convirtió en su exclusiva secretaria, Mary era quien traía café a media mañana y entre risas y abrazos se paseaban por toda la sección sin que nadie osara levantar la vista de los teclados. Fueron años maravillosos que culminaron con el viaje a la olimpiada de Barcelona.
.- Cuando me dijisteis que erais de Barcelona sentí que se cerraba el circulo.-
Miraba al mar y yo callaba.
.- Si tuviera valor.- continuó.- Nadaria hacia el horizonte y descansaría de tantos sufrimientos.- y añadió.- Más sabiendo lo que irremediablemente me espera.-
Posé mi mano sobre su frágil hombro y me concentré como si mi voluntad pudiera aliviarla de tanto dolor. Me miró con sus intensos ojos azules y me dió las gracias.
La última semana, me contó, había sido horrorosa. Ya desde la primera noche en que Mary conoció a la jovencita animadora, su comportamiento se había vuelto frió, casi despiadado. No le importaba dejarla sola en plena crisis de dolor , para volver muy tarde y borracha despertarla echándole la culpa de todas sus desgracias.Y cuando ella quería apaciguarla porque su amor podía soportar su injusto trato, Mary se resolvía acusándola con agravios de un pasado que manipulaba como quería, hiriendo donde más duele, en los hermosos recuerdos que transmutaba en mezquinos reproches.
Entonces desaparecían, como si nunca hubieran existido, los otoñales fines de semana en el estuario del río San Lorenzo, en cap tourment. cuando bandadas de gansos blancos cubrían el cielo en su viaje de retorno y ellas se abrazaban felices de ser testigos de tanta belleza. O más reciente su crucero por los fiordos noruegos, cuando parecía que el insidioso mal había sido vencido definitivamente y juntas contemplaban desde el alto acantilado el Sol de medianoche. ¡Todo borrado! Como si de un álbum de fotos manipulado se tratara.
Yo le aconsejé que aguantara los días que quedaban hasta regresar a Montreal y que una vez allí en su ambiente sabría que hacer. Pero ella sufría por Mary a quien sentía más vulnerable que ella misma.
.- Si se ha enamorado locamente de esa niña ¿Como va a soportar el frío la oscuridad del invierno? Volverá a caer en una depresión peor que las anteriores. ¿Que puedo hacer? No ves que el circulo se cierra... estamos enfermas las dos-.
Virginia sollozaba y yo no podía hacer casi nada por ayudarla. La acompañé hasta su apartamento y quedamos en vernos más tarde en la piscina, a nadie le contaríamos nuestra conversación.
jueves, 12 de noviembre de 2009
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