ENTRADA XVIII
El tercer y último día de la estancia de Virginia y Nicole en Barcelona pensábamos dedicarlo a "picotear", como si se tratara de platos exquisitos, por los lugares que en esta primera década de siglo han colocado a la ciudad a la cabeza de los destinos del turismo internacional.
Nuestra primera parada fue en el paseo de Gracia, en la casa Milá, conocida popularmente como "la Pedrera, obra discutida en el pasado e indiscutible hoy del genio de Gaudí. Antes de las doce ya estábamos Virginia y yo en su terraza, a la sombra protectora de los guerreros, mientras Albert mostraba con detalle a Nicole la única planta abierta al público. Asomados al paseo descansábamos apoyados en la piedra.
-. Esta ciudad tiene para mi efectos saludables. Será por vuestra compañía pero aquí no sufro la inquietud de otros viajes por perderme algo interesante. ¡Todo está tan cercano! El mar, la montaña, el arte, el placer de la mesa, .- Virginia miraba al cielo azul a través de sus gafas de sol, sentada a mi lado.
Yo la observaba con un sentimiento de ternura que me había pillado por sorpresa. Como la letra de una canción "si no era amor lo parecía". No habíamos vuelto a hablar sobre su indisposición del día anterior. Como si me adivinara el pensamiento continuó..
.- Resistiré estos dias, ponerse objetivos cercanos ayuda a conseguirlo.-
Tenían el vuelo a Paris para el día siguiente, por la mañana temprano, luego allí enlazarían al mediodía con el vuelo a Mont-real. Con los ojos cerrados, que yo no podía ver, y como hablando consigo misma continuó..
A mi vuelta debo pasar una revisión completa.Otra vez la inquietud esperando los resultados. Ojalá me digan "no hay cambios significativos". Vuelva dentro de tres meses. O quizás me dicen. Hay que dar otro ciclo de quimio y radio terapia. Entonces pasada la primera sensación de terror me autoconvenceré de que si soporto con buen ánimo las sesiones frenaré el mal. Pero... hay otra posibilidad.- Su voz se quebraba por momentos.- Y es que me digan, No tiene sentido someterla a más tratamiento, el mal se ha extendido, la enviaremos a "paliativos".- Se quitó las gafas y sus inmensos ojos azules me miraron con apremio. - ¿Como saldré de la consulta? ¿En quien me apoyaré?.-
Le hubiera querido responder que siempre me tendría a su lado, pero no era cierto, y ella reclamaba otra presencia, la única que le daría la paz y la felicidad última.
Continuamos allí sentados en silencio observando en la calle la riada de gente que hacia cola para acceder al edificio. Al poco tiempo llegaron Albert y Nicole, reían y la mano de él se apoyaba en el hombro de ella.
De nuevo en la calle, como cuatro adolescentes, corrimos a subirnos al autobús 24 que nos llevaría hasta el parque Güell, otra de las obras destacadas de Gaudí. Ahora llevábamos un libro titulado algo así como la Barcelona de Gaudí y no eramos los únicos. En el atestado vehículo compartimos el trayecto con un grupo de jovenes turistas franceses que enseguida, con sus risas y bromas continuas,aligeraron todas nuestras preocupaciones. La levedad del ser no era en este caso insoportable. Descubrimos a Nicole en su salsa, replicando a una broma con otra, y a Virginia riendo hasta saltársele las lágrimas. Descubrí que así como un libro pierde al ser traducido, también una persona expresándose en su idioma materno gana. En las inflexiones de voz de Nicole se revelaba una ironía demoledora y Virginia, cómplice como otra adolescente más, arrancaba las carcajadas del grupo con un juego de palabras para mi indescifrable.
Al bajar del autobús conservábamos aquel estado de ánimo que nos habían contagiado los jóvenes y así seguimos durante toda la tarde hasta bien entrada la noche.
sábado, 26 de diciembre de 2009
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