INTRODUCCIÓN
No recuerdo exactamente el día pero si la hora, acababa de tomarme el café de las once y en esa pausa, antes de reincorporarme a mi servicio, guiñaba los ojos al sol en el muelle de mercancías, convertido en reducto de fumadores. Comentábamos los últimos chismes laborales cuando sonó el móvil. Era David, me extrañó su llamada y como es mi costumbre de eterno angustiado pensé que algo malo había sucedido. Así era pero distinto a todo lo imaginado. La "tremenda "notícia me descolocó por un momento, pero enseguida reaccioné y todo mi esfuerzo consisitió en tranquilizarles tanto a él como a Nuria. Enseguida decidieron trasladarse a Murcia, a casa de los familiares de nuestros amigos víctimas de la tragedia. Abandoné el muelle sin comentar nada con mis compañeros ¿Cómo explicar en pocas palabras lo que requiere un largo juicio donde yo, al narrarlo me convertiré en fiscal y abogado de mis pobres amigos?
La primera noticia que tuve de Neisi y Jimagua fue tres años antes, un día de Junio. Una llamada de David desde La Habana, donde llevaba tres días, me hizo saber que habían conocido a una pareja de cubanos, arquitecto él y ama de casa ella, que atendían a los turistas en su casa de Centro Habana, y que gracias a su protección se habían librado de un "jinetero" muy pesado. En definitiva David estaba eufórico y en aquellos momentos junto con su amigo Marçal se disponía a recorrer la isla para regresar después un último día a casa de sus protectores. A mi en aquel momento, en la distancia, me tranquilizó esta referencia. Aun yo no había viajado a Cuba, ni había recorrido el camino que Marçal y David hicieron desde Habana Vieja hasta parque Trillo, en el corazón del barrio de Cayo Hueso en Centro Habana. Ni mucho menos podía imaginar como nos involucraríamos en las vidas de nuestros amigos cubanos.
miércoles, 17 de junio de 2009
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