QUINTA ENTRADA
Albert y yo subimos los cuatro peldaños que separaban el comedor del dormitorio, allí separadas una de otra por una cortina, dos camas de tamaño medio nos aguardaban. Kenia escogió la primera estancia dejando que Mileidy y Albert se refugiaran en la del fondo. Las risas por lo rocambolesco de la situación dieron paso enseguida a un silencio expectante. Pronto del otro lado de la cortina llegaron susurros , apagados gemidos y al instante jadeos sin freno que rompieron definitivamente el espeso silencio.
Kenia había arrojado el suéter sobre las sábanas dejando sus demoledores pechos ante mis ojos, con agilidad felina y en un mismo impulso se quitó braguitas y pantalones permaneciendo unos segundos con las piernas en alto. Yo con la misma velocidad con que me desnudaba olvidaba mis buenos propósitos anteriores., el paraíso me aguardaba antes que el infierno y su morada era aquel cuerpo maravilloso. Me abracé contra su piel, besé su cuello y aspiré el olor de su pelo después sus labios acogieron los mios sin reparo. Luego, como alumna aventajada que recita la vieja lección, descendió por mi pecho, abarcaba yo su cabeza dejándome llevar por el sinuoso camino hacia el éxtasis. Lo sentí y ella concentrada hasta el último espasmo siguió guiándome más allá de lo esperado. Yo la correspondí, para mi no era ciertamente un sacrificio descender por su cuerpo hasta acurrucarme entre sus muslos, podía pasar allá una eternidad porque aquella era la tierra prometida, mejor dicho la carne prometida. Dos horas después regresamos al tiempo.
Como último detalle nuestras amigas nos acompañaron hasta la plaza Vieja, donde nos despedimos prometiendo volver a vernos. Allí seguía la orquesta interpretando hermosas canciones y siempre el amor y el desamor como argumento. Camino del hotel comentábamos la intensa noche vivida, aun no hacia 24 horas que salíamos de Barcelona y ¡que lejos! quedaban el frío otoño y el descorazonador trabajo. El recepcionista del hotel Los Frailes nos entregó la llave y como dos novicios cansados pero no contrictos nos retiramos en paz.
viernes, 26 de junio de 2009
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Julian Kinsky estas siendo muy sutil...
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