lunes, 1 de junio de 2009

NOVELA

ENTRADA DECIMOQUINTA
Nada más recibir el apremiante email de Magda, Francisco la citó en su antiguo piso de Gracia. Debían complementar el posible mensaje de Luis que en uno de los diskettes recibido meses atrás parecía enviarles. Le sorprendió en su día la nota que acompañaba el envío, era como si su hermano en un momento de peligro, arrastrado por los acontecimientos confiara a él un secreto que aun no debía desvelarse. Tampoco Magda sabía de que se trataba, solo después del intercambio de mensajes de correo electrónico con Francisco, lo relacionó con la clave encontrada en la caja fuerte.
Asomado al balcón, el mismo de su infancia, era inevitable la nostalgia. Recordaba otra tarde, quizás también de Junio como esta, había esperado el regreso de su hermano, con impaciencia, ansioso por verle para jugar con él a contar "aventis" y muchas veces su esperanza quedaba frustrada porque los tres años de diferencia imponían su lógica y el "tete" prefería volver a la calle a jugar con sus amigos. El quedaba como un perrillo triste y buscaba consuelo en la abuela siempre dispuesta, desde su mecedora, a acompañar su juego. El paisaje que se divisaba desde el balcón apenas había cambiado, las tres cruces del Parc Güell y la montaña del Carmel seguían en el horizonte tan constantes como el Sol poniente en el cárdeno crepúsculo.
Magda bajó del taxi.Probablemente hacia más de treinta años que no visitaba aquella casa. Todo lo recordaba más viejo y pequeño, pero la plaza había sido remozada y la vetusta puerta de la escalera sustituida por una nueva con verja y portero automático. A su mente vino la manera de llamar de entonces "tres pics y dos repicons". De la escalera de aquellos tiempos, con sus rellanos oscuros y las ventanas invariablemente rotas, solo quedaban los viejos escalones demasiado altos para una persona mayor. Subió lentamente los pronunciados tramos hasta llegar a la puerta del piso.
Francisco desde el umbral la invitó a entrar. El piso construido probablemente en la tercera década del anterior siglo apenas disponía de 40 m² útiles, decorado de manera funcional aprovechaba todo el espacio sin que a simple vista le faltara ningún detalle, de los que hacen confortable una vivienda ¡Y pensar que entre aquellas paredes hubo un tiempo en el que convivieron tres generaciones! Abuelos, padres, dos hijos y hasta una tía hermana de la madre. El balcón, amplio en comparación con el interior, había sido el lugar de juego de los niños, el de las peleas en voz baja de los padres y el refugio de los primeros escarceos amorosos, cuando Luis y Magda estrenaban noviazgo.
-¡Cuánto tiempo, cuantos años que no subía esta escalera! - Magda no reconocía el interior de la vivienda. La pequeña habitación entrando a mano izquierda había desaparecido, ampliando el comedor-salón, la otra algo más grande se había convertido en el despacho donde Francisco disponía de su ordenador y cadena de música,tan obsoletos uno como otro. La tercera y más grande, "la alcoba" antaño de los abuelos era hogaño su dormitorio.
Sin más preámbulos que los indispensables Magda entregó la clave a su cuñado y este se dispuso a introducir el diskette en el ordenador. Era un vídeo, la imagen mostraba la entrada del Parque Güell y ascendía por su escalera de piedra, debía ser muy temprano porque el lugar, siempre concurrido, aparecía solitario. Al acercarse a la fuente, el murmullo del agua se hizo mas presente y al llegar a la altura del emblemático lagarto una mano se posó en sus pétreos dedos, mantuvo el contacto unos segundos para luego seguir subiendo hasta llegar a lo más alto y volviéndose enfocar todo el tramo. Luego de un largo minuto giró lentamente a su izquierda entrando en la sala de las columnas.
Francisco se sentía transportado a aquel mágico lugar, de niño había jugado muchas tardes mientras el abuelo acarreaba agua de una mina que brotaba de la pared.
Luego de demorarse entre las columnas, tan semejantes a las de un templo egipcio, subió a la plaza. Las palomas zureaban dominantes en aquella primera hora. La cámara buscó el horizonte urbano, el Sol rasgando la neblina ascendía sobre el mar, enfocó la Sagrada Familia que destacaba sobre el sucio algodón del eixample, hasta que un haz de luz dando en sus piedras se reflejó por un instante en la pantalla.

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