jueves, 16 de julio de 2009

MISTERIO EN LA HABANA (XII)

DUODÉCIMA ENTRADA

Un largo silbido seguido de dos más cortos fue la llamada de Jimagua, al momento, gracias al viejo sistema de cuerda y polea, se abrió el portal de la vivienda, raudo y con la bicicleta al hombro nuestro anfitrión nos llevó, escaleras arriba hasta la entrada del piso, allí nos recibió Neisi, entramos Albert y yo mientras Jimagua aparcaba la bicicleta en el rellano de acceso al terrado.
No recuerdo que fue lo primero que nos dijimos, yo, con un sentido abrazo, intenté hacer llegar a Neisi mi agradecimiento por todas sus atenciones hacia David y tuve la certeza de ver reflejado en su mirada el afecto que me devolvía. Desde ese momento y para siempre nos unió una complicidad que no necesitaba de muchas palabras.
Enseguida sin muchos preámbulos compartimos con ellos todo lo que tan generosamente nos ofrecían, nos sentimos tan a gusto en su casa y en su compañía que ya antes de la sobremesa hablábamos de sus vidas y de las nuestras. Jimagua que ya alcanzaba la cincuentena tenía una hija ya mayor que trabajaba en el ayuntamiento en un puesto de responsabilidad. Neisi, unos quince años más joven, tenía una niña de unos diez años que vivía con la abuela en Guayamo, en oriente. La pareja se había conocido tres años antes, al poco que Neisi llegara a la Habana en busca de trabajo, coincidieron en la misma obra donde él era capataz y ella encargada de repartir la comida a los empleados. Desde entonces vivían en aquel cuidado piso propiedad de Jimagua.

Observando a la pareja, ya en un primer momento, te dabas cuenta de lo diferentes que eran uno del otro. Si ella era la contención, la palabra justa, la humildad, él era el desborde, la verborrea, el orgullo. Yo, cuando David me dijo que Jimagua era arquitecto decidí llevarle como preciado obsequio unas litografías de la obras de Gaudí, apenas les prestó atención, luego supe por Neisi que el día que conocieron a David y su amigo Marçal. Luego con el tiempo cuando Jimagua consideró a David como "hermano" pensaría en rectificar pero nunca lo hizo. Por otra gente supimos que en su entorno le llamaban "Pepito el fantástico" un personaje de cómic de la t.v.cubana famoso por sus exageraciones. También tenía grandes cualidades, era un excelente "plomero",capaz de arreglar cualquier cosa. Albert puede dar de que reparó su maleta con la única ayuda de un viejo destornillador y tambien era cierto que durante años estuvo al mando de una cuadrilla de obreros ocupados en la restauración de edificios en la Habana Vieja, pero cuando fabulaba no ponía limite a sus mentiras, Neisi hacía entonces el comentario oportuno podando sus delirios.
Acabada la cena salimos al balcón para disfrutar de la templanza de la noche y sentados en su terracita contemplando el parque Trillo evocamos para nuestros amigos otras noches en otra plaza y en otro tiempo. Albert y yo hijos del barrio de Gracia, vecinos de la plaza Raspall, también como los adolescentes del barrio de Cayo Hueso en parque Trillo, habíamos disputado interminables partidos hasta altas horas de la madrugada, nosotros jugábamos a fútbol como ellos "al juego de pelota", nos separaban cuarenta años y la mar oceana pero en esencia eramos los mismos. Ya era muy tarde y decidimos regresar al hotel, nos despedimos de Neisi, quedando para el viernes noche, a nuestro regreso de Viñales, ya entonces dormiríamos en su casa hasta el lunes día de nuestro viaje de regreso a Barcelona. Jimagua decidió, como guinda en el pastel de una velada inolvidable, enseñarnos el malecón. Tomamos un taxi que nos dejó en el mismo paseo del Prado, luego bajamos hasta el mar, sólo fue un fugaz contacto con el malecón nocturno en su hora más transgresora envuelto de inquietantes sombras, pero con la protectora presencia de nuestro amigo Jimagua ¡Qué feliz eras Jimagua en aquel momento! Tu autoestima debía estar por las nubes y si hasta allí en el lejano horizonte donde ahora se condensan tus elementos pudieran llegar mis reflexiones y por un azar acariciarte como lo hacía la brisa de tu mar te pediría en nombre de todos nosotros perdón. Si no nos hubieras conocido tu seguirías en Cayo Hueso en parque Trillo hilvanando tus fantasías en la rueca de los sueños imposibles y bajarías al malecón, con tu vieja caña de pescar y tensarías el carrete arrojando el anzuelo mar adentro en la oscura noche en otra jornada de escasa pesca pero completamente feliz porque tu querida Neisi te acompaña y compartís la vida entera en la tremenda frialdad de la madrugada. Pero ya es tarde y nada puede cambiarse, nosotros fuimos los tentadores, que sin saberlo, envenenaron tu espíritu y arruinaron tu vida y contigo la de ella . Tú, gran embustero, fuiste víctima de la mayor de las mentiras, creíste que más allá de la isla existían otras feraces tierras donde vivirías rodeado de lujos y placeres, donde comprarías como nosotros la juventud, donde gastarías cada diez días el salario de dos años, caíste en la trampa y dejaste de ser el inocente fabulador a quién todos apreciaban para convertirte en el paranoico instrumento de la tragedia. Perdónanos, perdonadnos los dos. Perdonad la digresión, pero entonces, ya de vuelta al hotel solo pensábamos en el día siguiente cuando Chacón, nuestro taxista, nos llevaría a Viñales, siguiente etapa de nuestro viaje.

1 comentario:

  1. ES UN RELATO QUE ATRAPA AL LECTOR. aQUÍ AL FINAL DEL NÚMERO XII VUELVES A RECORDDAR QUE JIMAGUA Y NEISI HAN SUFRIDO UNA DESGRACIA. VUELVES A RECORDAR EL SENTIDO DEL RELATO, POR ASÍ DECIRLO. ES UN PÁRRAFO QUE SUSCITA EMPATÍA CON ELLOS Y CON EL AUTOR. dAN GANASDE SEGUIR LEYENDO.

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