DECIMOQUINTA ENTRADA
Ya estábamos a pocos km de Pinar Del Rio y el firme de la carretera empeoraba metro a metro, hábilmente Chacón eludía los baches, queríamos llegar a Viñales antes de que oscureciera, para evitar el riesgo de un accidente y acomodarnos con calma en el hotel ¿Cómo era posible que la única carretera que enlazaba Pinar del Rio con Viñales presentara aquel lamentable estado? Le preguntamos sinceramente sorprendidos. Nos quedamos sin respuesta porque al tomar una curva y surgida de la cuneta, una moto de la policía nos obligó a detenernos. Chacón no parecía extrañarse, el agente le pidió la documentación que éste, tras examinarla, no tardó en devolver. La actitud del guardia había cambiado en un segundo, relajó su semblante y nos deseó buena estancia en Viñales. Mientras nos alejábamos reconoció que no había respetado el limite de velocidad y que ya sabía de otros viajes que allí se apostaban para pillar "in fraganti" a los infractores, pero a él le bastaba con enseñar su documentación, donde figuraba una mención con sus méritos deportivos, para que hicieran la vista gorda, este era parte de los privilegios de que gozaba, los otros eran su licencia de taxi y el flamante coche del que estaba tan orgulloso.
Sin entrar en Viñales subimos carretera arriba los 25 km hasta el hotel Los Jazmines, la tarde con su dorada luz nos mostraba un paisaje diferente de todo lo visto hasta entonces, al llegar a la puerta del hotel, aun antes de ayudarnos a bajar las maletas, Chacón pidió que le pagáramos lo acordado, era un precio razonable incluyendo que el viernes por la mañana pasaría a recogernos. Cometimos el error de fiarnos de su palabra y le pagamos todo el importe, él argumentó que así repostaría en La Habana antes de regresar por nosotros. Había llorado de emoción casi en nuestro hombro, había prometido llevarnos a su casa, a conocer a su madre y enseñarnos sus trofeos, pero como en la fábula de la rana y el escorpión, pudo más su instinto y aunque no se ahogó como la alimaña si que nos perdió como amigos y seguros clientes en próximas excursiones. Pero cuando se despidió de nosotros desconocíamos el futuro y nos esperaba un inmediato presente maravilloso de dos días con sus respectivas noches que nunca olvidaríamos.
¿Que puedo decir del valle de Viñales? Si echo mano de un catálogo de viajes leería que está dominado por macizos cársticos y formaciones geológicas (mogotes) y que es donde se cultiva el mejor tabaco del mundo que en tres meses una semilla de un diámetro de medio milímetro se transforma en una planta de dos metros de altura. Pero yo escribo sobre las impresiones y emociones de aquellos días pasados y recuerdo el largo camino desde la recepción hasta nuestra habitación bordeando la piscina y como a su espalda dar por fin a una galería abierta al paisaje más increíble. Una baranda nos separaba de un frondoso barranco y justo enfrente a la distancia exacta, donde la pupila descansa sin forzarse, la acuarela de divina perspectiva que nunca vio el gran Leonardo, pero que su genio anticipó, los mogotes , colinas calcáreas de edades remotas, el velado esfumato que hay en la Virgen De Las Rocas o en la Gioconda, el valle de la toscana y el paisaje de la China del Sur mejorados en el oeste de Cuba.
Eran las siete y pronto oscurecería, sin apenas deshacer las maletas y tras una rápida ducha acudimos a la recepción para apalabrar la excursión del día siguiente a Cayo Levisa. Cenamos algo y cuando dudábamos entre ir a dormir o pedir un taxi y bajar a Viñales ¡Es caprichoso el azar! Llegó uno del que descendieron dos turistas, pero no quedó vacío el porque en su interior permanecían dos jóvenes que regresaban a Viñales. El recepcionista nos indicó que si estábamos dispuestos a bajar al pueblo aprovecháramos la ocasión, yo dudaba pero Albert más decidido ya estaba subiendo, por lo que sin más dilación me acomodé en su interior.
jueves, 23 de julio de 2009
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