sábado, 10 de octubre de 2009

MISTERIO EN LA HABANA SEGUNDA PARTE (I)

ENTRADA PRIMERA
En noviembre de 2004, un año y un mes después de nuestro primer viaje a Cuba, regresamos a la isla, esta vez en compañía de David y Nuria . Durante los meses anteriores nada hacía preveer que regresaramos, amplio es el mundo e infinidad los lugares por visitar, pero la posibilidad de ir hasta Trinidad, de la que tanto había oido hablar y acercarme al mar Caribe nos decidieron.
Por David sabíamos que las relaciones entre Jimagua y Neisi pasaban por un mal momento, desconocíamos la gravedad de la situación, podía ser una pelea puntual como muchas otras o esta vez era una ruptura definitiva. Por lo pronto y según lo previsto, Albert y yo nos alojaríamos, como la vez anterior, en casa de Jimagua, y David y Nuria en la de la prima de Neisi, ambas casas estaban una junto a la otra, con lo que no sabíamos si alegrarnos o lamentarlo.
Volamos hasta La Habana sabiendo que en el aeropuerto nos esperaba el amigo Jimagua , tras los interminables trámites aduaneros salimos al exterior y ¡allí estaba! En el mejor momento de su voluntaria carrera de acompañante turístico.Le rodeaban, haciendo corro, unos paisanos escuchando su potente voz, a saber que historia había urdido en la larga espera, nos señaló triunfante y como a quien llama el deber se despidió de ellos, para fundirse en un caluroso abrazo,primero con David y Nuria a quienes llamaba "hermano" y cuñada"y luego saludarnos a nosotros. Había contratado los servicios de una furgoneta-taxi, nueva y espaciosa, donde nos colocamos todos cómodamente y así partimos hacia el barrio de Cayo Hueso, en busca del ya familiar Parque Trillo, hogar de nuestros amigos.
Me sentía a gusto volviendo al paisaje habanero, anochecía y en el exterior entre las sombras se adivinaban la cola de pacientes viajeros esperando la improbable gua-gua, aspiraba el contaminado aire como si fuera un elixir que me daba un renovado vigor. LLegamos a la casa y allí nos recibieron Neisi y Marcia, tras los saludos subimos Albert y yo nuestras maletas a casa de Jimagua mientras Nuria y David entraban las suyas en casa de Marcia.
Cenamos en casa de Marcia, todos menos Jimagua que se excusó hasta el día siguiente. Allí tuvimos la prueba de que la relación entre Jimagua y Neisi estaba definitivamente rota. Para nuestra sorpresa Neisi nos presentó a su nueva pareja, un hombre de mediana edad, mucho más joven que Jimagua, muy correcto, de pocas palabras que trabajaba de camionero y que cenó con nosotros. ¿Como debía sentirse Jimagua? Seguro que a través del altillo que separaba ambas viviendas agudizaba el oído y escuchaba nuestra conversación, afortunadamente entonces yo no sospechaba hasta que punto era peligrosa la situación, ni a que abismos de locura se asomaba el atormentado Jimagua.

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