domingo, 11 de octubre de 2009

MISTERIO EN LA HABANA SEGUNDA PARTE (III)

TERCERA ENTRADA
Desayunamos todos juntos en casa de Marcia y muy temprano emprendimos camino a Trinidad. David conducía por la segura autopista con la intención de llegar al medio día, a un lugar cuyo sugerente nombre me hacia soñar despierto. ¡ Aguada de pasajeros! , unido a este otro ¡Ciénaga de Zapata! Es difícil imaginar como seria el camino, en el siglo XVIII, que llevaba de Jagua, actual Cien Fuegos, hasta Aguada. En este lugar abrevaban las monturas y los pasajeros saciaban la sed y quizás el hambre, antes de reemprender la ruta.
Nosotros también repostamos en una casa de comidas al mismo pie de la carretera. Nos atrevimos a comer unas "pizzas", elaboradas Dios sabe con que y bebimos un brebaje de cola nacional, un hábil maniobra cambista de David nos permitió pagar con "pesos cubanos" por lo que la comida nos resultó muy barata, gastamos más energías luchando contra las molestas moscas que a decenas nos disputaban el plato. Ya en el camino permanecíamos atentos a los "guajiros", calado el sombrero, erguidos sobre su montura trotaban ajenos a nuestro paso. Atravesamos Cien Fuegos sin detenernos y cubrimos los 80 km que nos separaban de Trinidad en algo más de una hora.
Aun lucia el Sol cuando a lo lejos divisamos el campanario del convento de San Francisco, ya en la ciudad, conducidos por David, nos dirigimos a la casa de "Mandy y Marylin" un hostal donde se alojó en su anterior viaje, acertamos a aparcar en un parking al aire libre cerca de la casa. Una vez aposentados, cenamos en el amplio comedor y en compañía de sus acogedores dueños disfrutamos de una agradable velada, no faltaron las alusiones a la delicada situación económica que atraviesa la isla y repartimos las culpas entre el bloqueo de EE.UU. y la falta de iniciativas audaces de los responsables gubernamentales.
Tomamos contacto con la noche que parecía muy oscura, por lo menos cuando te alejas de la plaza Mayor y escaleras arriba llegas a la casa de la Música, pero una vez allí, repuesto del esfuerzo por la subida, te envuelve su ambiente, las luces de la discoteca al aire libre te alcanzan desde los laterales y te deslumbran, hasta que entre destello y destello logras habituarte a sus intermitencias y descubres a una mulata, recostada en la barra y que con gran recogimiento sigue el ritmo, ¿Como la seguiría por las intrincadas callejuelas para ser iniciado por ella en sus ritos ancestrales? La incuria del tiempo ha deshecho los sillares y la iglesia sigue en pie como yo me sostengo sobre mi columna en frágil equlibrio, un terremoto acabaría con el edificio, un temblor, un espasmo en sus brazos me desmoronaría para siempre y a mi nadie me restauraría . Todo esto fantaseo rodeado de mi familia , respirando las esencias de la noche hasta que escaleras abajo volvemos a la plaza Mayor y allí sentados en un banco esperamos que el cansancio acumulado nos lleve dócilmente hasta el hotel.

No hay comentarios:

Publicar un comentario