domingo, 25 de octubre de 2009

MISTERIO EN LA HABANA SEGUNDA PARTE (VI)

SEXTA ENTRADA
"Cada día tiene su propia inquietud". La nuestra era llegar sin novedad al lejano Cayo Santamaria, en jardines del Rey. Salimos de Trinidad a primera hora con dirección a Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara. Vuelta Arriba llamaban antiguamente a esta zona del centro-norte de Cuba, deduzco que seria por lo apartado que estaba del camino natural que llevaba a los más importantes núcleos de población.
Tenia curiosidad por visitar en Santa Clara el mausoleo del Che y el famoso tren blindado,pero todo fue muy rápido, apenas nos dejaron aparcar unos minutos frente a la plaza de la Revolución y la sensación que me dejó la escultura fue la de una obra fría y oscura que no transmite emoción alguna. En cuanto al tren lo dejamos "pasar" sin visitarlo, tanta era la incomodidad que nos hacían sentir los "custodios" que velaban por su seguridad. Me sentía decepcionado primero con el entorno y después conmigo mismo, ¡no lograba ponerme en situación! Pero entonces vino en mi ayuda el recuerdo de una canción "Hasta siempre Comandante! Recité sus versos y emocionado me reconcilié con el mito y con mi juventud rebelde.
Comimos en Santa Clara y partimos hacia Caibarien, eran 50 km. de "movie road", el paisaje y sus gentes darían argumento a más de cincuenta películas. Otra vez las bicicletas y los carruajes se alternaban con renqueantes camionetas y obsoletos coches. A medida que oscurecía aumentaba la densidad del tráfico y el peligro por los continuos adelantamientos, no era extraño encontarte de frente una luz que confundías con una motocicleta para descubir de repente que era un camión cargado hasta los topes, lograbas colocarte y la adrenalina debía saturar tus venas, así cruzamos por Camajuani, Remedios, hasta llegar a la "villa blanca" así llaman a Caibarien.
Sin apenas detenernos nos dispusimos a cubrir los 48 km.que por el pedraplen, nos separaban de Cayo Santamaria.
Tuvimos que mostrar nuestros pasaportes en el control que hay al inicio, afortunadamente la carretera era buena aunque su monótono trayecto se nos hizo interminable. Viajábamos "al fondo de la noche" "mar adentro"hasta nuestro soñado destino ¡Cayo Santamaria! Por fin llegamos y pasamos de la soledad absoluta al bullicio del hotel . Nos alojaron en unos apartamentos, algo distantes de la zona de recepción , era como estar en una lujosa urbanización de cuidados y fragantes jardines que conseguían relajarte de inmediato, respiraraba hondo recordando mis abandonados ejercicios de relajación y me prometía volver mañana mismo a practicarlos.

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