CUARTA ENTRADA
Pronto tendría que superar una prueba que desde hacia semanas temía. El lunes siguiente, en calidad de heredero de Luis Palacios, asistiría a una junta ordinaria de accionistas. Aun sin conocer el mundo empresarial intuía los mil peligros que le acechaban. Hubiera querido tener en estos momentos algo del carácter de su padre, un poco de aquella mala leche que el tanto había criticado ¿Pero como su padre se había convertido en un frío hombre de negocios? En su diario se descubría un hombre sensible, alguien amante de la familia y preocupado por la marcha de la sociedad.
Javier consumía las horas leyendo el diario. Estaba ordenado por años. Un extenso resumen detallaba los acontecimientos de mayor trascendencia. Buscó el de 1994, el año de su nacimiento.
"Este año que finaliza ha sido, estoy seguro, el más trascendental de mi vida. En Julio nació nuestro niño. Pese a que Magda ya cumplió los treinta y ocho, y según las estadísticas su embarazo podría considerarse de riesgo, tuvo un rápido parto. Desde las primeras contracciones hasta que dió a luz apenas transcurrieron cinco horas. La suerte nos acompañó. El médico y la comadrona, antiguos compañeros de trabajo de mi suegro, condujeron la situación sin permitir interferencias de nadie. Javier nació sin apenas esfuerzo, haciéndose presente con su llanto y aliviándome de inmediato de mis temores. Horas más tarde abandoné la clínica. Ya en la parada del autobús contemplé el redondo edificio donde mi mujer y mi hijo descansaban ¡Que feliz me sentía! Rodeado de extraños, ajenos por completo a mis sensaciones, saboreaba mi estrenada paternidad. Era una experiencia intransferible y única y sin embargo casi al alcance de todos los humanos. Ricos o pobres, brillantes o vulgares todos debían sentir lo mismo que yo."
Javier leyó varias veces aquellas lineas escritas por su padre 30 años antes. Realmente la vida de su padre había tomado a partir de aquel año un sesgo muy distinto.
Desde lo alto de la escalera que bajaba al salón Javier contemplaba la escena. Su madre y Lucia, la asistenta, charlaban indiferentes a la pantalla del televisor. Los atardeceres de domingo conservaban la atmósfera de un tiempo lejano ¡cuántos deberes apresurados había hecho allí sentado! Y ahora, casi como entonces, un escalofrío recorría su espalda. El inminente lunes le enfrentaría con un ambiente mucho más hostil que el de la familiar escuela. Su primera reunión con los altos ejecutivos de la empresa sería un primer examen y no creía superarlo.
jueves, 14 de mayo de 2009
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