UNDÉCIMA ENTRADA
Cuando empezaba a impacientarse por la tardanza de la amiga la vio entrar, una discreta señal del camarero la orientó por la amplia sala hasta su mesa. En su boca se dibujaba una mueca que pretendía ser una sonrisa, en sus ojos, libres ya de sus inseparables gafas negras, se marcaban las ojeras hasta la frontera de sus pómulos, más pronunciados que nunca. Realmente su desmejorado aspecto reflejaba la depresión que padecía.
-Perdona el retraso.- He estado localizando a Javier, me tenía preocupada. Desde que fue a la junta de accionistas no le he visto. Por fin, hace una hora me ha llamado.-
- Los hijos ya se sabe. A Raúl desde que vive en Miami, y ya hace más de un año, solo le veo, cuando él quiere por Internet.-
- ¿Te ha hablado tu marido de la reunión? ¿Como se portó Javier?-. La pregunta brotó impaciente.
- Apenas me ha comentado algo.- respondió evasiva.
- A mi Luis tampoco solía contarme gran cosa. Pero tú tienes otro carácter.-
Si por otro carácter quería decir que no se callaba ante su marido estaba en lo cierto. - Si, es cierto tengo otro carácter afirmó secamente Marta. - Luego ya lanzada continuó. - Lo que voy a decirte es mi punto de vista, y ni por un momento creas que he hablado de esto con Quimet,- mintió. -Este es el motivo de que te haya citado hoy aquí. Por lo que he podido cazar, Javier fue demasiado lejos. Dijo cosas que sentaron mal. Los americanos están decididos a comprarle sus acciones.
-¡Dios mio, pero que ha dicho! - Un pellizco oprimía el corazón de Magda.- Por favor Marta no me ocultes nada, dime todo lo que sepas! -
- No se más que lo que te he dicho. Pero conociéndolos sé lo suficiente, y mi consejo es que venda. - Yo sé hasta donde son capaces de llegar. -La alusión a su pasado era muy clara. - Trata de convencerle de que venda, conseguirá mucho dinero y tú ya tienes suficiente patrimonio. - Ellos tolerarían que se convirtiese, desde fuera de la empresa, en un defensor de causas perdidas, pero nunca que les combatiera desde dentro.
De regreso a casa Magda meditaba sobre lo hablado. Marta tenia razón. Le aterrorizaba la idea de que su hijo, demasiado noble, o quizás ingenuo, se sacrificara en una batalla perdida de antemano.
La discusión entre madre e hijo fue inevitable: - No tienes porque trabajar allí. Vende tu parte y olvídate de ellos.-
No, mamá, no voy abandonar, sería un cobarde si después de criticar a la empresa desde fuera, ahora que tengo la ocasión de cambiarla desde dentro abandono.-
Magda miraba a su hijo desconcertada, intentaba profundizar en sus ojos buscando la causa última de aquella batalla desigual que estaba dispuesto a librar. ¿Tan ingenuo era? No, probablemente no le conocía, siempre había tratado de protegerle, en la infancia de los microbios, de joven de las malas compañías, ahora ya adulto... Por una vez se contuvo y no rompió el silencio con la letanía de consejos que siempre se agolpaban en sus labios.
- No estoy solo. Ten confianza en mi. - Cariñosamente Javier izaba la barbilla de su madre.-
- Son peores de lo que te imaginas. - Solo te pido, - se acogía a este último recurso - que antes de tomar un decisión definitiva hables con tu tío.-
- Así lo haré. -prometió Javier.- Magda respiró aliviada tenía que ganar tiempo y hablar con Francisco del peligro que corría su sobrino.
martes, 26 de mayo de 2009
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