miércoles, 6 de mayo de 2009

VISITA DEL PAPA A BARCELONA

Dentro de pocos minutos aterrizaremos.-Levemente la mano de Monseñor tocó el hombro de Su Santidad.-La segunda etapa del día aguardaba y aunque le dolía arrancarle de aquel profundo ensimismamiento había que cumplir con el denso programa. La lluvia torrencial que desde su llegada a Barcelona les acompañaba no había sido freno para los miles de catalanes que desde todos los lugares del país confluían en aquella singular plaza. Las puntiagudas torres de La Sagrada Familia parecían estilizados brazos saludando en la mañana.
Monseñor repasó el discurso preparado para el Papa. La poética alusión a las inacabadas torres del templo figuraba subrayada para que con su potente voz de antiguo actor le diera el énfasis debido. Sonrió complacido. Desde luego nada quedaba al azar, pero luego torció el gesto ¡salvo aquel tiempo infernal! La constante lluvia había ya retrasado el programa. Hubieron de subir, muy de mañana, a Montserrat, envueltos entre nubes mientras diluviaba y ahora era obligado un mínimo recorte. Con mano decidida tachó la media hora destinada al Hospital de Sant Pau. Lo sentía por los enfermos que desde días antes aguardaban la llegada del Papa. Pero para Monseñor estaba muy claro que ni siquiera el Papa podía hacer milagros.
Al ir descendiendo,desde el helicóptero, se podía apreciar, el ingente toldo multicolor de paraguas alzándose en un acompasado saludo Para el pueblo de Cataluña era un momento histórico. El séquito papal lo sabia y por ello arrostraban las inclemencias con renovados bríos.
De entre el centenar largo de enfermos que no pudieron cumplir la ilusión de ser abrazados por el Papa eran sin duda los niños los más decepcionados. Para ellos hubiera sido una fiesta recibir a aquel cuarto rey mago capaz de curarles. Las monjitas del hospital, cuando no algunos padres les repitieron durante días que debían tener fe. Que si ellos cerraban los ojos y con gran devoción le pedían al niño Jesús que les curara, podría ser que milagrosamente las manos del Papa se tornaran en mágica medicina ¡Y ahora le veían a través del televisor rodeado de personas que le alejaban de ellos!
LLuis soñaba ser de mayor jugador de fútbol, pero antes tenía que curarse. El personal del hospital, médicos incluidos, eran muy simpáticos y siempre bromeaban con los banderines que adornaban la pared de su habitación. Por Navidad, cuando aun podía levantarse, recibió la inesperada visita de su ídolo, le vió aparecer rodeado de una multitud, el futbolista se dirigió hacia él y le entregó un maravilloso balón firmado por todos su compañeros de equipo. Durante unos días pareció que incluso mejoraba, luego... Los meses transcurrieron con nuevas recaídas, ya apenas podía sentarse unos minutos junto a la cabecera. mientras las enfermeras cambiaban las sábanas azules y abrían el amplio ventanal por el que entraba un chorro de aire fresco que el respiraba con fruición.
Su madre, inseparable, luchaba con todas sus fuerzas intentando no derrumbarse ante el sufrimiento de su niño. Aquel había sido un hijo no esperado, un hermoso regalo para su madurez Luego de una niña, ya no esperaban aquel niño, su llegada colmó de felicidad la vida de la familia. Durante más de diez años todo había sido dicha en aquel hogar. Pero de repente, sin saber porque las desgracias se sucedieron La hija, apenas cumplidos los veinte años, se enamoró de un compañero de estudios, y juntos ignorando primero consejos y luego advertencias se trasladaron a un campamento de refugiados de Senegal donde querían colaborar con su ayuda a mitigar la tragedia de aquella gente. Nada sabían de ella, apenas un par de cartas recibidas hacía ya más de un año, antes de que la guerra destruyera los campamentos . Cuando pensaba en ella sentía que una pena y un dolor insoportable atenazaba sus entrañas Su marido, luego de múltiples gestiones por encontrarla se había rendido y la enfermedad posterior del hijo lo hundieron definitivamente en una profunda depresión.
Desde que el infortunio marcase su vida la madre se refugiaba en la oración. Luchaba por desempolvar la vieja perdida en la adolescencia. Desde hacia meses había esperado la llegada del Papa poniéndose a prueba, volviendo a la iglesia católica, recibiendo los sacramentos. Pero ahora..¿Qué podía pensar? Quizás Dios la probaba con aquel contratiempo y si su fe resistía el milagro se produciría.
No era aquel domingo un día especialmente tranquilo en Barcelona. Luego del templo de la Sagrada Familia el Papa se había trasladado a la Catedral, allí rodeado del pueblo y de las autoridades hizo su entrada en el imponente recinto gótico Las cámaras de todas las televisiones seguían sus pasos El único gesto de recogimiento que el protocolo le permitía no pudo ser seguido por LLuis que ya dormía, su madre si vió a su Santidad arrodillarse ante el Cristo de Lepanto. Todas las autoridades guardaban una respetuosa distancia. El vicario de Cristo oraba y su desconocida plegaria era seguida con respeto por los allí presentes. Aquel reconocido don suyo para desconectarse del entorno, era una virtud que todo, incluidos sus adversarios, le reconocían. Allí el político se difuminaba entre el incienso y las plegarias de los fieles, se volatizaba su robusta humanidad de antiguo atleta para convertirse en el padre espiritual de los creyentes. Era evidente que el Papa no fingía. Estaba convencido de su misión. El Papa peregrino ganaba el respeto de los hombres, incluso los no creyentes, allí arrodillado solo entre la multitud.
Monseñor fue el único , que transcurrido un tiempo prudencial, alzó la vista y sin ningún disimulo consultó su reloj. El avión de regreso esperaba y su Santidad, y él también, tenían que descansar. El lunes la vida recobró su pulso normal. Ya no llovía sobre Barcelona, una nueva jornada mostró la tozuda y cruel realidad. LLuis se moría. El final de aquel insoportable vía crucis llegaba. El niño pasó del sueño a la muerte imperceptiblemente, sin mirar por última vez los ojos de su madre, sin preguntar por el padre ausente. Ella parecía ajena a la realidad, la conmiseración de los demás no la alcanzaba. De repente se había convertido en distante espectadora de su propio drama. Un difuso sentimiento que venía de adentro la embargaba, pensaba en el Papa como si hubiera entrado en su mente.
Y lo que allí vió fue la peculiar cruz que voluntariamente arrastraba. Aquella dulce fantasía de eternas individualidades resucitadas tras la muerte debía prevalecer para consuelo del rebaño ¡Pobre! ¿Cómo había llegado al secreto de la curia? ¿Cuánto tiempo transcurrió hasta descubrir por si mismo la tácita alianza secular con el poder? La mentira piadosa era más soportable que la verdad desnuda. Tantos años de neurosis colectiva, y al final... Plegarias no atendidas
La decisión estaba tomada como uno de sus poetas preferido escribió: Voy a dormir contigo hasta alcanzarte, nadie le impediría seguir a su hijo .

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