martes, 19 de mayo de 2009

NOVELA

SÉPTIMA ENTRADA
-Vamos a comer. - El Sr.Torras, el Sr. Sánchez Casas, Mr. White y Javier abandonaron la estancia dirigiéndose al comedor privado de la empresa. El caluroso mediodía se mitigaba al atravesar el frondoso bosquecillo, salpicado de pequeñas fuentes. Los tres hombres mayores entablaron una informal conversación referente a temas culinarios, en la que el joven sorprendió con algunos comentarios acertados. No en vano en su familia materna había tradición culinaria que se remontaba a una tía abuela, fundadora de la cadena de restaurantes Can Majó. - Meri Cobalea, mi tía abuela, acompañó en los años 80 del pasado siglo al entonces presidente Pujol en varios viajes de promoción de los productos catalanes, entre los que empezaba a destacar la cocina.-
Ya sentados en el comedor se charlaba de los más variados temas. Javier apenas intervenía, prefería escuchar y observar. Del americano poco sabía. Ocasionalmente había oído a su padre referirse a él como una molestia inevitable. El Sr. Torras era bien conocido en casa. Amigo de su padre juntos habían ascendido en los puestos de responsabilidad hasta dirigir, uno como genial innovador, el otro como brillante comercial la sociedad. Juntos, las dos familias, pasaron muchos fines de semana en la espaciosa torre* a pies del Montseny. También compartieron viajes a través del ancho mundo. Javier sonreía recordando la ridícula camisa de topos o el sombrero paja con que el Sr. Torras, entonces Quimet, se cubría una mañana de agosto subiendo las empinadas laderas de la Acrópolis. Al Sr. Sánchez Casas le recordaba como alguien casi mítico, fundador de la sociedad española, y primera mano tendida a su padre, cuando apenas adolescente entró a trabajar en la empresa. Desde hacia años soportaba con gran entereza una enfermedad degenerativa que día a día mermaba sus facultades.
Mr. White bebía el café a pequeños sorbos, fijos sus azules ojos en Javier. Éste, entregado a sus pensamientos, no apercibía de que por fin el interrogatorio iba a iniciarse.- La decisiva aportación de su padre ha permitido hoy a la empresa ser líder en el sector ¿Conoce en profundidad su trabajo? -Javier acusó el golpe-. La pregunta iba más allá de su superficie. Reaccionó.- Creo, Mr. White, que ni él mismo sospechó a que honduras nos llevaría. -Tienes toda la razón. -intervino el Sr Torras en su afán de proteger al joven. -Los trabajos de tu padre tienen una aplicación tan variada que día a día nos sorprende. La gruesa mano del Sr.Sánchez Casas se posó sobre el hombro de Javier, aquel hombre nunca se andaba con rodeos; - mira Javier sabemos que tu hora de asumir responsabilidades ha llegado por desgracia demasiado pronto. Tu padre el primero hubiera querido, una vez tu decidido, preparárte en los entresijos de la empresa. Por otra parte ya no eres un adolescente, tienes treinta años, a esta edad a nosotros se nos consideraba maduros. - El semblante del anciano adquirió un rictus desconocido para él. - Solemnemente añadió. - Escucha lo que voy a decirte y corresponde a mi sinceridad con la tuya. Es un pequeño homenaje que le debemos a la memoria de tu padre. - Si no conociéramos tus inquietudes sociales todo este circunloquio no tendría lugar. A partir de hoy debes definirte. Para nosotros sería una gran satisfacción, que tú, hijo de nuestro amigo y socio Luis Palacios trabajara en la empresa. Todas tus dudas sobre nuestros objetivos tendrán respuesta. Puedes visitar los laboratorios, preguntar a quien desees, viajar a la central de New York, da todos los pasos necesarios para formarte un criterio, y luego ven con la respuesta. Si logramos convencerte, y no dudo de que así será, formarás parte de la vanguardia que trabaja por el progreso de la humanidad. Si por el contrario tu opinión sigue siendo negativa, la empresa te hará una justa oferta por tus acciones. Lo que nunca se te permitirá y no te duela mi sinceridad, es que nos combatas desde dentro. Mr. White asentía con su mirada de hipnótico ofidio. Javier comprendía ahora lo duro y arriesgado que sería enfrentarse con aquellos hombres capaces de sincronizar los halagos con veladas amenazas.

*Cat., Mur. y Zar. Casa de campo o de recreo, o granja con huerta.

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