OCTAVA ENTRADA
-Voy a corresponder a su sinceridad. Como es evidente, no tengo nada contra los logros de la ciencia, pero siento escrúpulos cuando estos son utilizados por una minoría a la que nadie controla y eso es lo que está sucediendo con las técnicas "subliminales". - Gracias a sus "mensajes" han devuelto al campo a masas urbanas de Asia y en el presente año, a raíz de un gran evento deportivo seguido por todo el mundo, lograron frenar el flujo africano a Europa; pero confinar a millones de seres y condenarlos a morir en el más puro abandono no es soportable por quien como yo conoce la verdad. Estas técnicas son intrínsecamente perversas. Pero desgraciadamente hoy impera el cinismo más absoluto y la "solución final" no necesita barracones ni cámaras de gas- .
Ninguno de aquellos hombres esperaba una confesión tan rotunda. Mr. White fumaba impasible, "sus informes eran correctos, incluso la realidad los superaba". - Allí estaba el propio sujeto confirmándolo. El Sr.Torras se sentía traicionado, su antigua amistad con la familia del joven le obligó a darle un voto de confianza, pero había ido demasiado lejos. El Sr. Sánchez Casas perdía la mirada por el amplio comedor. Había escuchado a aquel "antisistema" con la resignación que dan muchos años de sentirse incomprendido ¡Él que como tantos otros trabajaba por el bien de nuestra cultura, él que había recibido alborozado el genial descubrimiento de Luis Palacios!
También sabía que como otros en el pasado arrostraria la incomprensión de la propia sociedad beneficiada. - Pensando de este modo no puedes entrar en la empresa. - El Sr. Sánchez Casas pronunció estas palabras sin que a su rostro asomara ninguna emoción.
- Creo que deberías conocer la realidad, se ayuda a la humanidad si se sabe atajar la epidemia que puede acabar con ella, aunque estemos obligados a poner en cuarentena a una parte, si controlamos la situación salvaremos a nuestra especie. - El Sr.Torras pedía comprensión a Javier y una tregua a sus socios- .
- Si una vez haya reflexionado mantiene sus reservas, solo queda llegar a un acuerdo económico. - Mr. White forzaba la situación. - Ningún accionista español estaba en condiciones de comprar la parte de Luis Palacios.
- Decidiré en pocos días. - De todos modos pueden preparar su oferta. - Sonrió con ironía - y ahora, me disculparan, pero debo acudir a una cita.
Javier abandonó el comedor. Desde la mesa los tres hombres le vieron alejarse. El problema que se les presentaba era muy grave, no sería fácil contrarrestar las críticas del hijo de Luis Palacios, bastaría una declaración suya para que volvieran a empezar las críticas del pasado, y entrarían en una espiral de desconfianza, debían actuar con determinación, se jugaban demasiado.
Hacía ya rato que en el viejo reloj del salón habían dado las séis, había dormido apenas unas horas, a través de las persianas la incipiente luz del amanecer se filtraba dibujando en la cabecera de su cama caprichosos rombos de luz. Abrazado a la almohada recordaba el sueño anterior. La hermosa piloto le había fugazmente visitado. Afortunadamente sus sueños eran selectivos y la presencia de la mujer apenas conocida le daban un inesperado ánimo. Luego, la entrevista de ayer con los socios de su padre, se hizo presente hasta conseguir que un ruido difuso se instalara en su estómago. Pese al súbito temor que le invadía hasta descomponerle se sentía orgulloso de su actuación. Estaba seguro de contar con la ayuda de sus amigos, y el diario de su padre era una cronológica relación de las andanzas de la multinacional, y su publicación sería un as que sacaría de la manga cuando el juego se encontrase en su apogeo. De un salto abandonó el lecho, subió la persiana dejando que el sol acariciara su rostro. Abrió la ventana, el fresco aire de la mañana llenaba sus pulmones vivificándole. Con el nuevo día empezaba su nueva vida.
miércoles, 20 de mayo de 2009
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