lunes, 18 de mayo de 2009

NOVELA

SEXTA ENTRADA
Un verde intenso rodeaba las inmediaciones del aeropuerto. El final del largo sendero acababa justo delante de la entrada principal de la Compañía. A su derecha, en un coqueto chalet se encontraba el colegio para hijos de empleados. Sobre el cuidado césped, en pequeños grupos bajo la atenta mirada del monitor jugaban los niños. Javier recordaba, su ya lejano paso por aquel centro. Allí había transcurrido parte de su infancia, poco había cambiado. La anhelada fuente de los días calurosos, el estanque con sus peces de colores, y la estatua del fauno presidiendo la escena, todo seguía igual. Ahora, con la perspectiva de los años podía afirmar que allí fue sin saberlo muy feliz. Luego, después eso fue otra historia. Al entrar a la universidad, y en contra de la opinión familiar había elegido las aulas públicas de Bellaterra, despreciando el prestigioso Colegio Mayor donde se educaban los hijos de los ejecutivos. Su vocación temprana por la literatura y una velada incapacidad para las matemáticas fueron determinantes en su elección.
Dejó de recordar. Involuntariamente se alisó el pelo y franqueó la entrada.
El ascensor le situó en pocos segundos en la planta doce, allí en la sala de juntas le esperaban los accionistas.
- Bienvenido Sr.Palacios. - El Sr. Torras anduvo unos pasos hacia Javier hasta abrazarlo paternalmente. - Ánimo Javier. añadió en voz baja. Uno a uno fue presentado a los accionistas de la compañía. Ya sentados en torno a la rectangular mesa el Sr. Torras pronunció un pequeño discurso. Glosó primero la figura de de Luis Palacios, la amistad con que le honró desde el lejano año en que juntos transformaron la pequeña empresa hasta asociarla a la gran multinacional a la que ahora orgullosamente pertenecían. Su genial aportación, como investigador teórico fue la piedra angular sobre la que la compañía descansaba. - " Y todos recibimos con los brazos abiertos a su hijo sabiendo que contribuirá a que nuestra empresa siga siendo la referencia obligada en nuestro mundo empresarial".-
Las palabras del Sr Torras fueron acogidas con una cálida ovación. A continuación todos, como un solo hombre, se volcaron sobre la mesa, abriendo el dossier preparado. Javier pese a su inexperiencia comprendía que aquello no era más que un ritual. Las decisiones importantes no solían tomarse en ningún consejo de accionistas. Era en reuniones privadas mantenidas en riguroso secreto donde se sospesaba la eficacia de un eslogan o la oportunidad de una encuesta. De la central en New York llegaban "pedidos" de los que convenía no hablar en público. Encargos de algún país emergente que pretendía aplicar el producto X o Z a su inestable sociedad. Otras veces, y eso si era aireado por todos los medios, era el espectacular resultado del control en la prisión de hombres de Lima, solo con los métodos subliminales patentados por la empresa.
Mr. White como máximo representante de la Central supervisaba el trabajo de la gerencia española. El Sr. Torras y el anciano Sr.Sánchez Casas, mayores accionistas españoles defendían los intereses de la sucursal. -¿Alguna sugerencia?- Las palabras del Sr Sánchez Casas indicaban el final de la sesión.

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