miércoles, 13 de mayo de 2009

NOVELA

TERCERA ENTRADA (II)

Era emocionante pasar una y otra vez la grabación, quearse allí un poco antes de que su padre abandonase el local, antes de que la lejana noche le invitara a las confidencias y sus pensamientos se plasmaran en el papel. Cerrando los ojos se imaginaba la escena. El cantante solo ante su público, en obligado silencio, y la voz de todo un pueblo entonando la canción prohibida convertida en himno, y allí estaban los tres amigos inseparables, testigos de un momento histórico. Un súbito sentimiento de tristeza le invadió ¿Qué fue de aquella juventud idealista?
Pasaron las semanas y la vida en casa de Javier se adaptaba a las circunstancias. Para el joven llegó el momento de hacerse cargo de muchos de los problemas que la inesperada muerte de su padre habían creado. Su madre, tan fuerte los primeros días, se había entregado a una melancolía depresiva de la que nadie podía sustraer. Pasaba largas horas en el remozado jardín, ahora en el esplendor de la primavera, sentada con un libro en el regazo, la mirada ausente. Francisco solía visitarlos hasta el día en que se reincorporó de nuevo a su trabajo. Javier quedaba sin el único familiar del que podía recibir aliento y consejos en sus estrenadas responsabilidades.
A nadie había confiado el hallazgo del diario de su padre. Era algo que sólo a él concernía.

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